Quién es Juan Carlos Alvarado — El Neto
Nací en La Victoria, Lima, en 1982. Pero mis raíces están en San Miguel de Pallaques, en Cajamarca: tierra de migrantes y de gente que aprendió a organizarse para salir adelante.
Como miles de familias peruanas, la mía migró buscando algo mejor. A los cinco años volví definitivamente a Lima con mi madre. Vivimos en Surquillo mientras ella trabajaba en La Molina para sacarme adelante. Después llegó Villa El Salvador, el barrio que terminó de formar quien soy.
Por eso, cuando hablo de Lima, no hablo desde un escritorio. Hablo desde abajo: desde el barrio, desde el paradero, desde la combi, desde el esfuerzo diario de miles de familias migrantes que levantaron esta ciudad trabajando.
Porque yo tuve dos maestros.
Llevo más de veinte años en tecnología, telecomunicaciones e innovación. Empecé por el año 2000, participando en la creación de las primeras aplicaciones móviles del país: la red era apenas 2G, trabajábamos con WAP 1.1 y recién empezaba a llegar Java Micro Edition (J2ME). Desde ahí no paré: telecomunicaciones, transformación digital y, más adelante, la Maestría en Inteligencia Artificial en la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional de Ingeniería, en la Facultad de Ingeniería Industrial y de Sistemas, con especialización en neuroderechos. Porque estoy convencido de que la tecnología tiene que proteger la dignidad de las personas, no pasarles por encima.
De joven encontré en esta cultura una forma de expresarme, de pensar por mi cuenta y de construir comunidad. Como rapero, productor musical y gestor cultural aprendí algo que la política todavía no termina de entender: el arte no solo entretiene. Previene violencia, da identidad y abre puertas donde solo hay abandono.
Mucho antes de meterme en política, mis canciones ya hablaban de desigualdad, discriminación, manipulación, libertad y responsabilidad ciudadana. La política no cambió mi discurso. Solo me dio un escenario más grande desde donde decirlo.
Entré a la política cuando comprobé en carne propia que el Estado no responde cuando uno lo necesita. Primero usé mis redes para analizar lo que pasaba en el país. Después empecé a colaborar con equipos políticos en inteligencia artificial, análisis de datos y transformación digital.
Capacitando equipos técnicos y revisando información pública del Ministerio del Interior y del INPE encontré un patrón que me dejó frío: Lima Norte, Lima Sur y Lima Este concentran gran parte de la delincuencia y de las necesidades sociales, mientras los servicios y el presupuesto siguen concentrados en el centro de la ciudad. Yo ya lo sabía por haber crecido en el barrio. La diferencia es que ahora lo tengo en datos: el abandono también tiene un mapa.
Cuando la organización política Venceremos me propuso encabezar la candidatura a la Alcaldía Metropolitana de Lima acepté, porque encontré un espacio dispuesto a trabajar con evidencia, con tecnología y con soluciones que de verdad se pueden ejecutar.
Hoy propongo una ciudad donde la seguridad no dependa únicamente de más patrulleros, sino también de más oportunidades. Una Lima donde la inteligencia artificial ayude a prevenir el delito, donde los chicos accedan gratis a formación tecnológica y donde la cultura vuelva a ocupar el espacio público.
Como prueba de eso desarrollé LLEGO, una aplicación hecha con inteligencia artificial y software de código abierto. La construí para demostrar algo simple: con conocimiento, creatividad y ganas de servir se resuelven problemas de la ciudad sin gastar millones.
Mi historia también es una prueba de que la cultura cambia vidas. El hip hop me dio un propósito cuando era joven. Hoy quiero que miles de adolescentes encuentren esa misma oportunidad en la cultura, la educación y la inteligencia artificial.
En imágenes
Veinte años de camino entre la cultura, la tecnología y el barrio.